Virtudes y vicios públicos
Los "mass-media" y la adicción a la velocidad
El contexto político en el que nos encontramos es dinámico, funciona casi como una obra de teatro donde los diferentes actores, la trama, e incluso el escenario, salen con la misma facilidad con la que han entrado, no es de extrañar que con semejante espectáculo, se haya desarrollado en nuestro país cierto publico, heterogéneo en edad e ideología, pero con el mismo punto en común, una adicción por lo convulso de la política, por lo visceral y cambiante.
Solo hace falta encender la televisión a los pocos minutos de que haya declarado algún alto cargo para encontrar a un importante número de tertulianos de signo político diferente dando su encendida opinión, sin embargo, ¿en nuestra sociedad existe tiempo para formarse una opinión?
Hemos llegado a un punto en el que esperamos un análisis político pre-calentado, hecho al microondas, la lógica de la producción masificada se ha impuesto, cuanto mayor número y más rápido menor, aunque se sacrifique la calidad del análisis.
Los análisis deberían hacerse "al horno", si se me permite la metáfora culinaria, calentados a fuego lento, con cuidado de no quemarnos, una situación política, desde una reforma agraria hasta un referéndum secesionista no puede analizarse así como así, las situaciones son cambiantes, mutan y viajan por derroteros que no podemos llegar a comprender, hay demasiados poderes en juego.
Los grandes medios de masas tienen una importante parte de responsabilidad en esto, esos analistas y periodistas, asociados siempre a los grandes grupos informativos, en el que destaco especialmente Atresmedia, parecen vender siempre una verdad absoluta invariable, cada uno de ellos vende su propio sabor de verdad, a gusto del consumidor, luego, nos damos cuenta de la dura realidad, la verdad no es una bolsa de patatas, y no hay tertulianos videntes ni videntes tertulianos.
El cambio político de este país pasa por el cambio de mentalidad de los medios y los espectadores hacia la política, la política no es un show del que se deba monetizar, ni una bolsa de patatas, ni siquiera es un delicioso soufflé al horno, es una enorme entidad que te concierne, que nos concierne a todos, y la cual hay que tratar con paciencia, análisis constante y reflexión.
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