Está claro que desde la aparición de los primeros homínidos lo que nos ha sustentado ha sido la naturaleza. La recolección de frutos, la caza de distintos animales, el uso de sus pieles como abrigo... Con el paso del tiempo y la evolución humana, nuestra forma de usarla ha ido evolucionando también, aprendimos a domesticar algunos animales, a cultivar algunos vegetales, y así no tener que ir a buscar lo que necesitábamos para vivir. Tampoco había otras opciones.
Pero conforme la población ha ido creciendo y el ser humano ha ido descubriendo nuevas tecnologías que les facilitan el trabajo, esto se ha vuelto un vicio. Hemos aprendido a criar animales a mansalva con un plazo de vida de una semana alimentándolos a base de piensos y usándolos como si no fueran sereves vivos. Hemos aprendido a deforestar bosques en busca de aceite de palma, quitándole el hogar a cientos y cientos de animales, como si no tuviéramos más opciones. A pescar sin límites, cualquier tipo de pez, sea o no necesario. A usar sus pieles como abrigo o simplemente decoración, lo cual se ha convertido en un gran negocio de crueldad, otra vez, como si no tuviéramos otras opciones.
Está claro que todo esto tiene consecuencias, que todos estos recursos son ilimitados, y que estamos matando al planeta. Cada vez más contaminación, cada vez los mataderos usan mas antibióticos en los animales por las malas condiciones, cada vez más crueldad, cada vez más animales en peligro de extinción, más bosques sin un árbol, cada vez más vicio.
Lo peor de todo esto, es que tenemos la capacidad suficiente como para no usar a la naturaleza como nuestra única fuente de vida, sin límites. Pero el ser humano es malo por naturaleza, egoísta, cruel. ¿Por qué iba a dejar de comer yo carne, CON LO BUENA QUE ESTÁ? Anteponemos nuestros gustos a la vida de otros seres vivos y con ellas a la del planeta. La mayoría de las personas que usan este gran argumento, saben lo que hay detrás de los mataderos y les da igual, porque prefieren contentar su paladar a contribuir a parar esta tortura. Lo mismo pasa con el uso de pieles. No necesitamos un bolso de serpiente, ni unas botas de cuero. Y nadie es más que nadie por tener una cabeza de ciervo colgada en su salón. Solo sois menos humanos.
En definitiva, tenemos la suerte de tener muchísimas opciones para vestirnos y alimentarnos, algunas más crueles y otras mucho menos. Y aún siendo algo muy fácil, la mayoría de los seres humanos siguen escogiendo la parte cruel, sólo porque sus gustos van antes que todo el planeta. Nunca es tarde para cambiar esto.
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