El egoísmo es, sin
duda, una característica que viene por defecto en los seres humanos. Desde
tiempos inmemoriales, siempre ha existido el rico y el pobre, el déspota y el
oprimido. Aunque se promulgue que los seres humanos estamos en un constante
proceso de evolución, lo cual supuestamente conlleva a una mejora de la
sociedad en todos los sentidos, vivimos, y viviremos, en una sociedad podrida
en la que el individuo mirará primero por su supervivencia y luego, si es que
gana algún tipo de beneficio, ya sea económico, social o personal, se
preocupará por las necesidades y demandas del prójimo.
A pesar de ese
egoísmo innato que tenemos los seres humanos, sigue habiendo gente que, “desinteresadamente”,
y ahora explicaré el porqué de mi aclaración, aporta su granito de arena para
el que más lo necesita, para que el mundo vaya a mejor. Eso es, al fin y al cabo,
fantástico, pero ¿y si estamos intentando solucionar el problema al revés? Me
refiero, ¿y si en vez de intentar mejorar la situación del débil, no cortamos
de raíz su origen, es decir, el exceso de egoísmo y poder de algunos?
Si hiciéramos eso,
aunque puramente movidos por el interés, no solo acabaríamos con el problema
del menos suertudo si no también con la enorme dicha del abusón, o sea,
estabilizaríamos el mundo por mucho tiempo. Aunque sea una meta a gran escala
mucho más difícil de alcanzar que simplemente hacer “un remiendo social”,
merecería la pena intentarlo ya que nos beneficiaría absolutamente a todos exceptuando
a la alta clase, que bajaría de su estado de poder.
Para terminar la
idea que expongo sobre el egoísmo, pensemos en el hipotético caso en el cual este
plan para acabar con el “individualismo ambicioso”, se llevara a cabo. No
podríamos decir que lo hemos hecho por
amor al arte o por ayudar a los demás, pues también le sacaríamos provecho,
pero pensemos ¿y si alguien de posición media ayuda, aunque no obtenga nada a
cambio? ¿y si, por ejemplo, un típico empresario ricachón colabora en algún
tipo de ONG o movimiento social de manera “desinteresada”? Esto podría
destrozar mi teoría de que el humano solo ayuda en caso de beneficiarse, pero
no es así, pues, en caso de este último, todo lo que pierda lo ganará en
prestigio social, lo cual mejorará tanto su imagen como la de su empresa y en
el caso de la persona normal que ayuda, por ejemplo, a un pedigüeño sin hogar
sin que nadie lo sepa, aunque no gané dinero ni respeto por parte de los de su
entorno, sí que gana en cuanto al ámbito personal, ya que puede usarlo para
compensar otros actos no tan buenos realizados (perdonar una acción mala con
una humilde) o, simplemente, sentirse mejor persona por hacer algo que no le
han mandado y aun así, hace para “ayudar” o, más bien, ayudarse.
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